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Jueves 13 de diciembre de 2018

Medios Argentina | EL ESPACIO DE ALBERTO BORRINI

Por Laura Monnanni |

Sábat: Desaparece un influyente editorialista de la realidad cotidiana

Borrini recuerda a su antiguo colega, un eximio artista que sólo se propuso ser “un periodista que dibuja”.

Sábat: Desaparece un influyente editorialista de la realidad cotidiana
Borrini recuerda el tiempo que compatió con Sábat en el periódico “Primera Plana”.

Hace unos días falleció Hermenegildo Sábat. Desaparece un profesional acaso único en lo suyo, riguroso, diferente, una celebridad respetada y admirada no sólo en Argentina y Uruguay, donde nació en 1933, sino en Latinoamérica. Fue además un ser humano entrañable, sincero y humilde, virtudes que escasean entre los famosos cuyo ego suele ser más grande que su maestría.

Los colegas que lo conocieron recalcaron su legado como uno de los maestros del periodismo gráfico, y lamentaron el vacío que dejó, más allá del “periodista que dibuja”, como gustaba definirse, sobre todo al convertir su tira diaria en el uno de los editoriales más punzante de uno de los grandes periódicos del país.

Convergimos con Sábat en la revista Primera Plana, el semanario más influyente en varios aspectos esenciales de la vida del país, pero sobre todo en el cultural, donde sentó cátedra, descubrió y difundió a nuevos líderes de la literatura, la pintura, la ciencia y la economía. Se sumó a una redacción de jóvenes con el entusiasmo y las inquietudes de alrededor de 30 años, donde el joven Menchi aterrizó en busca de una ciudad en ebullición creativa desde donde proyectar su arte a destinos más acorde con su talento.

Cómo había llegado a la revista en el momento más oportuno no lo tengo claro. Yo al menos no lo sabía. En la lujosa redacción se apretaban maestros del pensamiento como Tomás Eloy Martínez, Ramiro de Casasbellas, Julián Delgado, Ernesto Schoo. Había sido organizado por Jacobo Timerman, quien emigró en busca de otros horizontes editoriales. Fueron esos los mejores años de Primera Plana, cuando se convirtió en un ícono de la excelencia de esa década prodigiosa.

Con Sábat éramos coetáneos; nos separaban apenas dos años, simpatizábamos pero no éramos amigos. Nos faltó tiempo; mi registro se nubla en este punto y no recuerdo cuánto tiempo estuvo en Primera Plana antes de emigrar a Clarín, donde se consagró, creo que con algunas escalas intermedias en otros medios masivos.

Sí recuerdo mejor que los dos formábamos parte de los noctámbulos que debían quedarse hasta cerrar la edición, los viernes a la madrugada, urgidos por el proceso de impresión que se iniciaba el día siguiente en los talleres en los talleres donde se imprimía la revista.

Sábat llegó con alrededor de 30 años de su Uruguay Natal. Desde chico, el dibujo entró en su sangre por herencia familiar, según cuenta en su bien documentada página de La Nación uno de sus columnistas, Pablo Sirvén. Yo sólo puedo contar algunos detalles poco conocidos de su paso por Primera Plana. Su afición por la música, por ejemplo, en particular por el jazz, que compartíamos. Tocaba bien el clarinete, y más de una vez lo hizo sonar en la redacción. Yo era, soy, fanático de Duke Ellington. Sábat, de otros músicos negros. No sé cuántas veces dibujó a Louis Armstrong, en libros y columnas de Clarín.

Por Primera Plana desfilaron grandes dibujantes, caricaturistas e ilustradores gráficos; el más conocido y popular era Landrú, pero allí nació Mafalda, por gestión personal de Delgado, amigo de la infancia de Quino. Había sido creada a pedido de una marca comercial, que luego desistió del lanzamiento. Mafalda se quedó poco entre nosotros porque Quino quería publicarla en otros medios masivos y Primera Plana no aceptó. Pero también se iniciaron allí periodísticamente Kalondi, Rivero, y Catú, que venía de la producción publicitaria. Varios nos acompañaron cuando nos separamos de Primera Plana y creamos Mercado, donde el incansable Landrú retrató en broma la realidad política y social del país en la última página a lo largo de varios años.

Sí, nos conocimos sobre todo en las trasnoches interminables de Primera Plana, pero no fuimos amigos. No hubo tiempo. Recuerdo que no formó parte de esa comunidad que competía internamente en la búsqueda de un periodismo de excelencia, basada en la investigación, en la que todos estábamos preparados para suplirnos cuando era necesario, que terminó desgraciadamente por una ser cerrada por uno de los generales del régimen, en un momento delicado, obsesivo del conflicto que abrió una grieta, para decirlo con un término actual, del conflicto con el país hermano de Chile.

Laura Monnanni


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