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Jueves 13 de diciembre de 2018

Publicidad Argentina | AYER, EN LA MAÑANA DE BARCELONA, A LOS 47 AÑOS… SOLO EN UN HOTEL

Por Redacción Adlatina |

Murió Lucho Bender

Rodrigo Figueroa Reyes -uno de los mejores amigos de Lucho- se despide del cineasta con palabras justas y sentidas, sin dramatismos, a través de adlatina.com. En la nota se transcribe el texto completo.

Murió Lucho Bender
Lucho Bender, además de Felicidades –su único largometraje- dirigió cientos de spots publicitarios; entre ellos, el recordado Hermanos para galletitas Oreo. (Foto: diario La Nación).

Cuando me llamaron a primera hora de la mañana para decirme que había muerto Lucho Bender, lo primero que se me vino a la mente fue: “pero qué mierda este mundo… con tanto hijo de puta dando vueltas, se tiene que ir Lucho”.

Dos segundos después pensé en su mujer Micaela y sus dos hijitas de 5 y 2 años. Si hay algo que Lucho no hubiera querido que le pase, era despedirse de esa manera tan injusta de las tres mujeres más importantes de su vida.

Para los que no lo saben, Lucho estaba filmando en España y murió solo, en un hotel, de madrugada, esperando que llegue una ambulancia luego de haber tenido un paro cardíaco.

Justo a él le viene a tocar esta muerte de mierda. Justo a Lucho que lo tenía siempre todo controlado. Era tan metódico, tan detallista, que si le hubieran dado a elegir, se venía en un avión, las abrazaba, las besaba y se iba.

Se hubiera ido igual, pero mucho más tranquilo.

Atrás deja muchos y buenos amigos. Porque ese era Lucho, un tipo siempre preocupado por la persona antes que por el personaje.

Atrás deja a cientos de técnicos, eléctricos, utileros, asistentes de dirección, productores, directores de arte, y directores de fotografía, que compartieron mañanas, tardes y noches con él.

Atrás quedan Paulita Mazzei, Jackie, Carlitos Dutil, Claudio Prestía y Henry Meziat.

Atrás deja Bendercine, una productora que dio vuelta la forma de hacer cine publicitario en la década del 90.

No es una exageración: la llegada de Lucho y de otro grande como Pucho Mentasti, a la escena publicitaria Argentina, marcó un quiebre en la forma de hacer comerciales.

Toda una generación de creativos argentinos lamentamos profundamente su pérdida. Y sin dudas, vamos a sentir su ausencia.

Me quedo con la satisfacción de haber hecho innumerables películas con Lucho, entre ellas “Submarino” para el Círculo de Creativos; “Hermanos” para Oreo, y “Walter” para Telefónica.

Me quedo con el recuerdo de saber que cada vez que llegaba al Avid, el comercial iba a estar bárbaro. Eso era laburar con Lucho, uno siempre tenía la certeza de que estaba ante algo grande, algo importante.

Pero sobre todo, me quedo con el honor de haber sido el amigo de una persona íntegra, honesta, con una moral a prueba de todo.

Jerónimo, mi hijo, va a estar muy orgulloso de haber tenido un padrino como él.

 

Rodrigo Figueroa Reyes
Redacción Adlatina


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